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Cecilio Apóstol (El eminente poeta hispanofilipino Cecilio Apóstol nació en Sta. Cruz, Manila el 22 de noviembre de 1877. El público comenzó a saber de este excelso poeta en 1895 cuando una poesía del vate, que entonces tenia 18 años de edad, fue publicada en el periódico El Comercio. El poema El Terror de los Mares Indios presentaba conjunto de estilo y magnificencia de conceptos, que inmediatamente el público vio en el poeta estrella de primera magnitud. De gran talento, versátil no obstante un carácter excéntrico. Apóstol escribió brillantes alegorías en inglés y en español así como compuso poesías que demostraron su genial dominio de español. El metro lo manejaba a perfección. Con lgual facilidad Apóstol escribía en alemán y francés. Su cultura clásica era tal que usaba términos basados en latín y el griego. Debido a la modestia innata en él, no quiso publicar una colección de sus poesías, que eran abundantes, y fue suerte de la posteridad el que don Jaime de Veyra coleccionó sus versos y los publicó en el libro titulado Pentélicas. Apostol fue producto del antiguo Ateneo de Mania donde terminó el Bachillerato en Artes. Estudió Leyes Universidad de Santo Tomás, pero cuando estalló la Revolución, sus estudios se interrumpieron. Fue miembro de la Academia Filipina correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española desde 1924. La muerte le reclamó en Caloocan, Rizal, el 8 de septiembre de 1938. El siglo de oro de la literatura hispanofilipina fue el resultado del dominio yanqui en Filipinas durante la primera mitad del siglo XX, y los autores que escribieron durante esta etapa mostraron sus sentimientos anti-yanqui. Su poesía AL YANKEE es un ejemplo.--EFR)
Al "Yankee"
Siempre que la codicia
Rasga un girón del territorio extraño
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poetas, vengadores
de la conciencia universal, ¿acaso
podréis guardar silencio,
la honrada voz de la protesta ahogando?
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¡Jamás! Cuando la fuerza
con la traición y la injusticia pacta,
para aplastar los fueros,
los sacrosantos fueros de una raza;
Cuando los hijos del infame Judas
venden la fe jurada;
cuando al gemido de los pueblos débiles
contestan con brutales carcajadas;
Cuando el santo Derecho se trucida
en el festín de la ambición humana;
cuando como los yankees,
a cañonazos brindan una patria;
No es posible callar: la Patria opresa
protestará indignada,
y en el pecho traidor del enemigo
esconderá el puñal de su venganza.
El irredento pueblo
sucumbira quizás en la demanda,
más solo a su cadaver
se logrará imponer coyunda extraña.
¡Yankee! Si tú nos vences,
con el potente empuje de tus armas,
no vivirás dichoso, porque te odia
hasta el ambiente mismo de mi Patria.
¡Yankee! Si mis estrofas
logran sobrevivirme, sus palabras
vibrarán en los siglos venideros
el odio eterno del eterno patria.
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